martes, 10 de junio de 2008

"Costará 3, 4 o 5 generaciones hasta que Sierra Leona se pueda levantar otra vez", Chema Caballero

Los miles de niños soldado que han habido y todavía hay en Sierra Leona tienen consecuencias mucho mayores de las que pueden parecer a primera vista. Para empezar, se ha destruido todo el sistema educativo, con lo cual los líderes de mañana no tendrán una mínima educación. Pero lo que verdaderamente quedará marcada de por vida será la vida de las niñas que han sido violadas en grupo y la de los niños que han tenido que cortar miembros del cuerpo humano de vecinos, amigos e incluso familiares suyos bajo amenaza de muerte.

Heridas en el alma de por vida
Las consecuencias de la falta de líderes de este país situado en el noroeste de África que ha estado bajo el protectorado británico durante muchos años, no son nada en comparación con el daño causado en las vidas de miles de niños. Tal y como dice Chema Caballero, "las heridas del alma, las heridas profundas, esas siempre quedan".

El proceso de rehabilitación de estos jóvenes no es nada fácil, de hecho es un proceso largo y muy delicado. El misionero que ha trabajado a su lado dice que éstos tienen una mirada vacía y están siempre a la defensiva. Al contrario de lo que pueda parecer, no se ha de ser muy fuerte para ayudar a estos chicos, sino que, según Chema Caballero, "hay que ser muy débil, muy humano".

Los que ahora trabajan allí se quejan de la falta de psicólogos o trabajadores sociales. "Tenemos que hacer lo que podemos con el equipo que hay: maestros y gente con muy buena voluntad que están ayudándonos a sacar adelante este reto", explica Caballero.

Una gota en el océano
A pesar de la importante tarea que este misionero está llevando a cabo, éste admite que
la rehabilitación de niños, aunque es "una gota en el océano de los problemas que tiene Sierra Leona, está ayudando a la reconciliación del país".

Por este motivo, a pesar de la iniciativa de Manos Unidas y UNICEF de crear el centro de rehabilitación de niños ex guerrilleros Saint. Michael, en Lakka, una población situada a 30 km de Freetown, la capital de Sierra Leona, todavía es necesaria la ayuda de muchas personas dispuestas a colaborar en mejorar la vida de estos niños cuyas infancias les han sido robadas.

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