Andando hoy por las calles de Xi’an, más conocida por sus guerreros de Terracota, me he sorprendido al encontrar que este lugar, como tantos otros de China, no son más que enclaves del capitalismo. Las calles, repletas de carteles en chino, combinan escaparates dónde muestran los últimos modelos de Rolex y Cartier con los mercadillos ambulantes de comida, a los cuales van la mayoría de los mortales chinos.
A pesar de la igualdad que se promueve en este país, se ven mendigos por las calles, como se ven en cualquier otra ciudad europea. La mayoría de éstos son gente mayor a los que le falta un brazo o una pierna, o incluso ambos. Tirados sobre una manta sin la mitad de sus miembros, no dudan en apelar la sensibilidad de los transeúntes.
No obstante, lo que más me ha impresionado ha sido ver a una madre de mediana edad con dos hijos pequeños tumbados sobre una manta en medio de los que paseaban por la ciudad en buscar de un MP3 nuevo que comprar.
Uno de los niños estaba dormido en los brazos de su madre, la cual, ajena a todo el bullicio a su alrededor, acariciaba con sumo cariño el bracito de su pequeño. Quizás le estaba cantando alguna canción de cuna china, ¡quién sabe!. Entonces, al llegar al hotel, he pensado que seguramente la Virgen María, nuestra Madre, nos acaricia con la misma ternura. En medio de la sociedad en la que vivimos, dónde hay tantos peligros y tentaciones para el ser humano, Ella nos arrulla y nos protege con amor. No importa lo que venga después, del mismo modo que no importa lo que ese niño parezca que vaya a tener que mendigar de mayor, porque nuestra Madre está con nosotros. Ella intercederá ante el Padre y no permitirá que nada malo nos suceda. Quién a la Virgen y a Dios tiene de su mano, nada puede temer.
María Menéndez González, Xian, 19 de octubre de 2008
A pesar de la igualdad que se promueve en este país, se ven mendigos por las calles, como se ven en cualquier otra ciudad europea. La mayoría de éstos son gente mayor a los que le falta un brazo o una pierna, o incluso ambos. Tirados sobre una manta sin la mitad de sus miembros, no dudan en apelar la sensibilidad de los transeúntes.
No obstante, lo que más me ha impresionado ha sido ver a una madre de mediana edad con dos hijos pequeños tumbados sobre una manta en medio de los que paseaban por la ciudad en buscar de un MP3 nuevo que comprar.
Uno de los niños estaba dormido en los brazos de su madre, la cual, ajena a todo el bullicio a su alrededor, acariciaba con sumo cariño el bracito de su pequeño. Quizás le estaba cantando alguna canción de cuna china, ¡quién sabe!. Entonces, al llegar al hotel, he pensado que seguramente la Virgen María, nuestra Madre, nos acaricia con la misma ternura. En medio de la sociedad en la que vivimos, dónde hay tantos peligros y tentaciones para el ser humano, Ella nos arrulla y nos protege con amor. No importa lo que venga después, del mismo modo que no importa lo que ese niño parezca que vaya a tener que mendigar de mayor, porque nuestra Madre está con nosotros. Ella intercederá ante el Padre y no permitirá que nada malo nos suceda. Quién a la Virgen y a Dios tiene de su mano, nada puede temer.
María Menéndez González, Xian, 19 de octubre de 2008

No hay comentarios:
Publicar un comentario