viernes, 7 de noviembre de 2008

I believe I can fly


Tras dos semanas de inmersión en la cultura china cogiendo aviones, trenes nocturnos y diurnos, autobuses, motocicletas, coches para ir desde ciudades grandiosas como Hong Kong a las aldeas más pobres dónde parece mentira que viva gente, llego al aeropuerto de Chengdu dónde, después de beber durante semanas tanto té, me pido una coca-cola con gran anhelo y un simple sándwich, lo cual me sabe a gloria. En el restaurante decorado “a lo europeo” escucho la canción de “I believe I can fly” y, de repente, meditando la letra, me doy cuenta de cuánta razón tiene R. Kelly:

“I believe I can fly, I relieve I can touch the sky, I think about it every night and day (…) there are miracles in life I must achieve, but first I know it starts inside of me, If I can see it, then I can do it” .

“Creo que puedo volar, que puedo tocar el cielo, lo pienso cada noche y cada día (…) hay milagros en la vida que debo conseguir, pero primero sé que el cambio empieza dentro de mí, si entiendo esto, entonces, lo podré conseguir”.

Pero podemos “volar”, podemos ayudar a muchas personas que lo necesitan, podemos así tocar con las yemas de los dedos la punta del cielo. Tan sólo si nos lo creemos, se cumplirá este sueño.

Estando en nuestras cómodas casas celebrando la Navidad en medio de regalos y delicias culinarias, quizás no pensemos en lo mucho que podemos ayudar a miles de personas que carecen de lo más mínimo para vivir: sacerdotes ancianos enfermos que celebran misa en su propia habitación; obispos no sólo sin un coche, sino sin un simple radiador para calentarse en inverno…etc.

Cada uno de nosotros con una aportación podemos ayudar a que estos sacerdotes tengan un lugar digno dónde celebrar la Eucaristía. Cada uno, en la medida de sus posibilidades, puede prescindir de algo en estas Navidades y darlo para nuestros hermanos chinos en la fe que tanto lo necesitan.

Tampoco debemos olvidarnos de ellos en nuestras oraciones que nos unen a todos los católicos, aunque estemos a miles de kilómetros de distancia. Ellos también rezan fervorosamente por nosotros. Su confianza tan grande en Dios les ha permitido vivir hasta ahora su fe de un modo que muchos de nosotros querríamos. Aprendamos de ellos que el rezar no implica sólo ir a misa los domingos, sino tener a Dios presente las 24 horas del día, confiar en su Divina Providencia y hacer lo posible por hablar de él a aquellos que no le conocen. I believe I can fly!


María Menéndez, aeropuerto de Hong Kong, 19 de octubre de 2008

No hay comentarios: